Ser buena o mala madre

Ser buena o mala madre

Ser buena o mala madre es una expresión que suele estar en boca de todos. Es curioso como los conceptos cambian en función de las circunstancias de cada persona y, resulta aún más llamativo, como todavía hoy, sigue existiendo ese sentimiento de culpabilidad en muchas madres por sentirse desbordadas en algún momento, por necesitar un rato para ellas mismas o por no querer dedicar su vida exclusivamente a sus hijos.

En una sociedad en la que debes ser buena madre, triunfar profesionalmente, tener tiempo para ir al gimnasio, practicar tus aficiones, disfrutar de ratos de privacidad y tener una pareja que te comprenda, te apoye y, por supuesto comparta contigo las labores del hogar y la educación de los hijos, resulta muy difícil tomar de referencia ese concepto obsoleto de madre como mujer que dedica su vida exclusivamente a su familia. Eran otros tiempos, unos tiempos en los que las mujeres eran educadas para que fueran buenas esposas, cuidaran de sus hijos y organizaran su hogar.

Son demasiados roles y exigencias que no hay porqué cumplir a la perfección ni porqué sentirse culpable si no se siguen las normas establecidas. Una mala madre no es aquella que no cumple con las expectativas de los demás, o de la sociedad, sino aquella que no es feliz con la elección que ha tomado. Debes saber que los hijos son más felices si sus madres se sienten mujeres realizadas, plenas y satisfechas. Y las motivaciones de cada mujer son diferentes. Algunas mamás se sienten completas sólo con la maternidad, otras, en cambio, tienen otras inquietudes y necesitan trabajar fuera de casa para sentirse realizadas ¿Son buenas o malas madres? Siempre y cuando exista un amor incondicional por los hijos, “no hay manera de ser una madre perfecta, hay un millón de maneras de ser una buena madre” (Jill Churchill).

 

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